El latigazo cervical se produce cuando la cabeza se acelera y desacelera rápidamente, ejerciendo una tensión excesiva sobre los tejidos blandos que sostienen el cuello. Además del dolor y la rigidez en el cuello, este movimiento puede producir una variedad de síntomas conocidos colectivamente como trastornos asociados al latigazo cervical (WAD). Para definir y tratar mejor estas lesiones, el Grupo de Trabajo de Quebec sobre Trastornos Asociados al Latigazo Cervical (1995) desarrolló un sistema de clasificación que califica la gravedad del latigazo cervical de I a IV.
El WAD I se caracteriza por dolor y rigidez en el cuello sin hallazgos objetivos en el examen físico. En otras palabras, no hay pérdida de rango de movimiento; ni espasmos o contracturas musculares; ni inflamación, hematomas o deformidades; ni déficit neurológico; ni anomalías en las pruebas de imagen. Aproximadamente entre el 15–25% de los pacientes con latigazo cervical entran en esta categoría.
En el WAD II, los síntomas cervicales se acompañan de hallazgos en el examen físico como disminución del rango de movimiento, dolor localizado en los músculos del cuello, espasmos musculares y, en ocasiones, cefalea. Sin embargo, no se observan déficits ni anomalías neurológicas en las pruebas de diagnóstico por imagen. Casi dos tercios de los pacientes con latigazo cervical se clasifican como WAD II.
En el WAD III, los pacientes presentan tanto hallazgos musculoesqueléticos (como en el WAD II) como signos neurológicos, que pueden incluir pérdida de sensibilidad (entumecimiento u hormigueo), debilidad motora (disminución de la fuerza en los músculos inervados por los nervios cervicales afectados), alteración de los reflejos o dolor irradiado al brazo. Al igual que en los grados I y II, la lesión sigue afectando a los tejidos blandos, que normalmente no se visualizan en radiografías ni en las pruebas de imagen avanzadas. Aproximadamente 5–10% de los pacientes con latigazo cervical se clasifican en este grado.
La clasificación WAD IV se utiliza cuando existe daño estructural en la columna cervical que es visible en las imágenes diagnósticas y que suele asociarse a síntomas graves. Los pacientes con WAD IV suelen requerir tratamiento de urgencia para estabilizar la columna. Afortunadamente, menos del 1-2 % de los pacientes con latigazo cervical cumplen este criterio.
La buena noticia es que los grados I, II y III de WAD suelen responder bien a un enfoque quiropráctico multimodal orientado a reducir el dolor y restaurar la función lo antes posible. Las terapias manuales pueden incluir técnicas suaves, de baja velocidad y amplitud; manipulación por empuje (alta velocidad y baja amplitud); deslizamiento facetario; tracción cervical longitudinal; ejercicios pasivos de rango de movimiento; masajes; terapia de puntos gatillo; punción seca; o acupuntura. También se utilizan con frecuencia modalidades de fisioterapia complementarias como la estimulación eléctrica, el ultrasonido terapéutico, la terapia láser, la terapia de campos electromagnéticos pulsados (PEMF), la tracción cervical en el consultorio o en casa, entre otras. El entrenamiento físico es un componente crucial del tratamiento, ya que la mejoría a largo plazo depende del autocuidado del paciente y reduce la dependencia del profesional de salud que a veces puede surgir. En caso de que un paciente no responda al tratamiento o si presenta problemas adicionales que escapan al ámbito de la quiropráctica, el caso puede ser gestionado conjuntamente con un proveedor de atención médica aliado.


